jueves, 27 febrero 2025

Telecos españolas y europeas ante Trump y el coste de librarse de la tecnología China

Las telecos españolas, al igual que sus compañeras europeas, han ido reduciendo el uso de equipos tecnológicos chinos en el desarrollo de sus infraestructuras. Mientras en nuestro país el mercado teleco se consolida con la formación de FiberCo, la inversión en la expansión de la tecnología 5G, y el IoT, llegan a acuerdos con tecnológicas europeas como Ericsson o Nokia, para abandonar de manera paulatina los equipos chinos de Huawei, todo ello auspiciado por imperativos geopolíticos llegados desde EE.UU antes de que, tras la llegada y los desmanes imperialistas de Trump, se albergaran dudas de que el amigo americano, en materia tecnológica, lo sea realmente de Europa y de España.

Así las cosas, todavía se mantiene un hondo debate sobre el uso de equipos chinos en las redes móviles, que no es nuevo, ni por el momento tan disruptivo, cuando a lo mejor EE.UU se ha convertido en un enemigo aún peor.

Hay que tener en cuenta que, en España, Huawei ya no está presente en los núcleos de red 5G de Telefónica, Masorange y Vodafone, aunque está presente aún en buena parte de las redes de radios. Telefónica ya utiliza equipos Nokia y Ericsson; Orange, Ericsson y Vodafone, Nokia. La sustitución de la tecnología Huawei puede suponer un «roto» económico importante para las telecos españolas de alrededor de 500 millones de euros.

Tal y como plantean los consultores especializados de origen danés de Strand Consult, sobre la discusión de ‘eliminación y reemplazo’ de los equipos chinos, «se ha malinterpretado», porque ningún país europeo ha hecho «un desgarro absoluto» de esa tecnología y un reemplazo de la misma como tal. Más bien, los países (o específicamente los operadores) lo que han hecho es detener nuevas inversiones en equipos chinos y eliminar o sustituir tecnologías chinas de las bases instaladas. Con ese cambio de tecnología, «la sustitución de equipos RAN antiguos por nuevos equipos RAN es un proceso continuo», argumentan.

En contra de la tecnología china se esgrimían imperativos geopolíticos llegados desde EE.UU antes de que, tras la llegada y los desmanes imperialistas de Trump, se albergaran dudas de que el ‘amigo americano’, en materia tecnológica, lo sea realmente de Europa y de España

El problema se fue fraguando desde 2005, cuando los servicios de inteligencia, agencias militares y analistas de seguridad comenzaron a observar riesgos «para occidente» por la utilización de equipos de firmas propiedad o afiliadas al gobierno o militares chinos. «En 2012, la primera ministra socialdemócrata Julia Gillard en Australia fue la primera en restringir equipos chinos en redes móviles. Otros países, incluyendo EE.UU., Bélgica, Canadá, Costa Rica, Dinamarca, Francia, Estonia, India, Japón, Letonia, Lituania, Nueva Zelanda, Macedonia del Norte, Portugal, Corea del Sur, Rumania, Suecia, Reino Unido», y alguno más, siguieron su ejemplo.

Ya desde entonces, las preocupaciones sobre los equipos de red hechos en China no se limitan a las operaciones de defensa e inteligencia, ni solo a los operadores de telecomunicaciones que construyen y ejecutan redes. Las pequeñas, medianas y grandes empresas que utilizan redes temían también que sus valiosos datos fueran «encuestados, saboteados o robados por actores asociados con el gobierno y el ejército chino, y en muchos países, son los clientes de los operadores de telecomunicaciones los que presionan para restringir los equipos de fabricación china». La preocupación se comparaba con si Occidente estaría cómodo con que la OTAN utilizara, por ejemplo, aviones de combate chinos.

Telecos españolas y europeas ante Trump y el coste de librarse de la tecnología China
Fuente: Imagen generada por IA (Kallisto IA)

LAS TELECOS Y EL IMPACTO DE NO USAR EQUIPOS HUAWEI

Para evaluar el impacto de restringir los equipos Huawei de las redes, los consultores incluyen el hecho de que los operadores «deben actualizar continuamente sus redes si quieren 5G, independientemente de si utilizan Huawei». Por esa razón, los operadores de toda la UE han cambiado y actualizado a proveedores de equipos de confianza sin afectar el tiempo de despliegue, la cobertura y el coste, y «es el caso de TDC Denmark, Telenor y Telia en Noruega, T-Mobile en los Países Bajos (Odido) y Proximus en Bélgica», indican.

Su análisis se basa en que China, hasta ahora, consideraba sus amigos a «Rusia, Irán y Corea del Norte» como los países que quieren socavar las democracias «del mundo libre», y que ha ayudado a la invasión de Ucrania en suelo europeo, además de señalar la piratería informática chica y su implicación en el sabotaje de un cable submarino.

Así, el pasado mes de diciembre la consultora identificaba ocho riesgos para la cadena de suministro de las redes 5G tanto en Europa, y por supuesto también en España, derivados del hecho de seguir utilizando equipos Huawei. Sin embargo, no identifica los riesgos de la deriva estadounidense bajo el mandato de Trump, de querer anexionarse Groelandia (territorio danés), unirse a Putin contra Ucrania, para quedarse con sus recursos naturales, y ningunear con todo ello a Europa. A lo mejor, China, que destaca tecnológicamente (caso de su IA de código abierto DeepSeek) ahora no es tan peligrosa para Europa como lo está siendo Trump.

los operadores de toda la UE han cambiado y actualizado a proveedores de equipos de confianza sin afectar el tiempo de despliegue, la cobertura y el coste

Hasta estos nuevos paradigmas geopolíticos, los riesgos de que Telefónica, Masorange, Vodafone, el resto de grandes telecos europeas utilizaran tecnología china con la que, por otra parte, en Oriente Medio continúan incorporando a sus equipos sin reticencias, porque son equipos de tecnología innovadora incuestionable, y más económicos.

Mientras, se siguen argumentando riesgos para Europa y EE.UU. , y su supuesto entorno global llamado «mundo libre» como que las redes 5G son en sí mismas infraestructuras críticas, y «van más allá de las comunicaciones y conectan sistemas vitales como redes de energía, servicios de agua, transporte y procesos industriales. La seguridad y la resiliencia de estas redes son esenciales para el orden público, la autonomía estratégica y la seguridad nacional».

También se continúa temiendo la posible interrupción de la cadena de suministro y riesgos operativos, porque «el hardware y el software están sujetos a riesgos continuos de sanciones, controles de exportación y otras repercusiones legales o políticas que pueden interrumpir el uso continuo de equipos ya instalados o afectar su rendimiento», y se teme que los proveedores chinos «pueden introducir vulnerabilidades, malware u otras características de explotación en las redes, inmiscuirse o interferir en ellas». También Rusia lo puede hacer a través de sus ataques Estado, pero ahora la administración Trump, curiosamente, no lo está teniendo en cuenta.

no se están identificando los riesgos de la deriva estadounidense bajo el mandato de Trump, de querer anexionarse Groelandia (territorio danés), o unirse a Putin contra Ucrania, para quedarse con sus recursos naturales, y ningunear con todo ello a Europa.

Otro argumento es de los más esgrimidos; los riesgos de dependencia estratégica, por el «respaldo estatal de China a Huawei y ZTE, que ha permitido a estas dos empresas arrebatarle participación en el mercado global a las innovadoras compañías de equipos de telecomunicaciones no chinas».

Señalan también los riesgos de privacidad y explotación de datos, porque el hardware, por ejemplo de Huawei, que siempre lo ha negado, «tiene acceso tanto autorizado como no autorizado a datos personales, corporativos y de usuarios gubernamentales, y los proveedores pueden violar las leyes de privacidad, ya sea de manera accidental o intencional». Es cierto que China utilizó este «poder» para localizar ciudadanos extranjeros en su territorio durante la pandemia, y que ya manejaba «el 45% del mercado mundial de reconocimiento facial en 2023». Esto sigue dando miedo en occidente, pero ahora mismo, precisamente Europa se enfrenta a «nuevos miedos».

Señalan desde Strand Consult los riesgos políticos, ya que la dependencia de equipos chinos puede «ser explotada por ese Estado en momentos de de emergencia o crisis, en la que la integridad y/o disponibilidad de la red 5G puede verse comprometida», y hablan incluso de la «posibilidad extrema de un interruptor de apagado», de lo que reconocen que no hay pruebas.

Así, se continúa temiendo a la influencia estatal indebida, y se cuestiona la autonomía de los proveedores (limitada por el sistema jurídico y político de su país de origen), y se apuntan los riesgos de contrainteligencia, es decir, la gran teoría norteamericana de que desde, por ejemplo los equipos Huawei, se produce «espionaje por medios técnicos».

Explican que el hardware chino bajo la influencia del Estado puede «utilizar equipos tanto en la RAN (Radio Access Network) como en las redes centrales para la vigilancia encubierta, la extracción de datos, el seguimiento o la ubicación precisa de objetivos como funcionarios públicos, entidades comerciales o disidentes a través de funciones no publicadas y puertas traseras , o la violación de las funciones disponibles para las agencias de aplicación de la ley». El último argumento es el temor al uso que hace China de la guerra jurídica para silenciar a sus críticos en el mundo libre.

LAS TELECOS EUROPEAS Y LA CAJA DE HERRAMIENTAS

No obstante, desde Strand Consult se asegura que «la UE ha hecho un gran trabajo» al evaluar el conjunto de riesgos de la utilización de los equipos chinos para el desarrollo de las redes 5G de la región al desarrollar la «Caja de Herramientas 5G de la UE, establecida en 2023, y se acordó que incluyera medidas de mitigación estratégicas (no técnicas) y técnicas, para considerar que los proveedores de equipos 5G son seguros y confiables».

Así, la mitigación efectiva de los factores y riesgos «no técnicos» se hizo mediante la evaluación del perfil de riesgo de los proveedores y la aplicación de restricciones los considerados de alto riesgo, y ahí entraron Australia, Bélgica, Canadá, Costa Rica, Dinamarca, Francia, Estonia, India, Japón, Letonia, Lituania, Nueva Zelanda, Macedonia del Norte, Portugal, Corea del Sur, Rumania, Suecia, Reino Unido y EE. UU. Mientras, España ha ido más despacio.


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