El Departamento de Justicia de Estados Unidos pide decomisar 61 millones de dólares en cripto por petróleo iraní sancionado. La cifra no es anecdótica: procede de una trama que movió más de 1.500 millones de dólares a través de carteras autocustodiadas y cuentas de Binance.
Qué dice la denuncia del Departamento de Justicia
La demanda de decomiso, presentada por la fiscalía federal, apunta a un entramado que recibía y distribuía el dinero de las ventas de crudo iraní mediante monederos autocustodiados, es decir, carteras digitales controladas directamente por sus titulares, sin pasar por un intermediario. Desde ese punto, los fondos se encaminaban hacia empresas vinculadas a la Guardia Revolucionaria iraní, otras direcciones cripto, y un exchange local.
En el centro de la operación aparecen dos compañías con base en China: Blessed Trust Limited y Hexa Whale Trading Limited. Según la denuncia, ambas utilizaron cuentas comerciales en Binance para blanquear los ingresos del petróleo y redirigirlos al Gobierno iraní, a sus agentes y a sus representantes en la región.
El papel de Binance y el destino de los fondos
El fiscal adjunto Sean S. Buckley explicó en un comunicado que el Gobierno de Irán depende de las ventas de crudo sancionado para financiar a su aparato militar, fomentar el terrorismo y desarrollar su programa nuclear y de misiles balísticos. Según Buckley, la red de actores cripto en China y otros países habría lavado más de 1.500 millones de dólares destinados a la Guardia Revolucionaria, designada como organización terrorista por Estados Unidos.
La denuncia no menciona expresamente el bitcoin, pero encaja con un patrón que Washington lleva meses persiguiendo. El dato es tozudo. El Tesoro estadounidense afirmó en julio que Irán estaba aceptando pagos en bitcoin y otras criptomonedas desde barcos que cruzan el estrecho de Ormuz para sortear las sanciones. El propio régimen iraní ha impulsado servicios respaldados en bitcoin para sus navieras.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Tesoro, ya había señalado en julio que el sistema Hormuz Safe, desarrollado por el Ministerio de Economía iraní, acepta pagos en bitcoin y otros activos digitales para eludir las sanciones. La lógica del régimen es sencilla: a diferencia de las cuentas bancarias, el bitcoin en autocustodia no puede congelarse con la misma facilidad.
El verdadero hallazgo no son los 61 millones decomisados, sino el entramado de 1.500 millones que muestra cómo se mueve el crudo sancionado por canales cripto.
Qué significa este caso para la industria cripto
El caso vuelve a poner a Binance en el foco regulatorio, aunque la denuncia no acusa al exchange de participar en la trama. Las cuentas comerciales presuntamente usadas por Blessed Trust y Hexa Whale eran, según el texto, una pieza más de un circuito que empezaba en carteras autocustodiadas. Sin embargo, cada noticia de este tipo refuerza el argumento de los supervisores: los exchanges globales necesitan controles más estrictos para detectar flujos vinculados a regímenes sancionados.
La parte más incómoda para el sector es que la propia naturaleza del bitcoin complica la censura. Quien controla sus claves privadas no depende de un banco ni de un exchange que pueda bloquear la operación. Por eso conviven dos lecturas. Para unos, esto demuestra que la cripto es una herramienta de libertad financiera; para los reguladores, es una vía de fuga para el crudo iraní y otros negocios ilícitos.
No conviene sacar conclusiones fáciles. La denuncia es una reclamación civil de decomiso, no una sentencia, y las empresas mencionadas no han presentado, al menos de momento, una versión pública de los hechos. Lo que sí queda claro es que el pulso entre las sanciones occidentales y los pagos en cripto se ha endurecido en los últimos meses, y que los próximos movimientos del Tesoro y del Departamento de Justicia marcarán el tono.





