En un contexto audiovisual saturado de secuelas y franquicias ampliamente cultivadas, «Manual para señoritas» se presenta como una bocanada de aire fresco. La serie, estrenada el 28 de marzo del 2025 por parte de Netflix ha logrado lo que muy pocas producciones históricas consiguen, cautivar al espectador desde una mezcla de romanticismo, ironía y de crítica social, pero en la que se puede deducir una crítica enmascarada a una serie de convenciones sociales.
La serie producida en España, protagonizada por Nadia de Santiago y Álvaro Mel, han logrado ocupar algunas listas de tendencias, sino que están ya en las bocas de todos, ya que se manifiestan como candidatos laureados para la renovación de cara a la próxima temporada.
2UN TRIÁNGULO AMOROSO

Si hay algo que hace bien Netflix es la creación de romances en situaciones en las que queda una gran tensión en el aire. Pero «Manual para señoritas» sigue otro camino: no es solo quién se queda con quién, sino qué sacrificio exige el amor en un espacio en el que lo que manda es el estatus. La conexión se siente electrizante entre Elena y Santiago porque nunca es predecible. Él -un hombre herido por las mentiras-, ella -una mujer que habita en su propio laberinto del silencio-.
Cristina Mencía -su personaje es quizás el que mejor representa la tragedia de la época. Se ve obligada a casarse con Eduardo Espinoza de Monier porque con eso logra salvar su reputación. De manera que el final de la primera temporada es una apuñalada en el corazón para quienes esperaban un final más feliz para ella. «A veces, el mayor acto de rebeldía es sobrevivir», parece susurrarnos su historia mientras la cámara anticipa su mirada resignada en el altar.
Pero la verdadera sorpresa nos la ofrece Sara, la hermana pequeña (Paula Usero), cuya vocación médica choca con las limitaciones de su género. En una de las muchas memorables escenas, le dice a su padre: «Usted quiere que aprenda a servir el té, pero yo quiero salvar vidas». El triángulo amoroso de Elena, Santiago y Cristina logra sortear la trampa del maniqueísmo. Nadie es del todo culpable o del todo inocente; todos ellos toman decisiones que, aunque no falten de sentido, resultan dolorosas.
Hacen que el drama se vuelva más maduro que el manido “Team Santiago vs. Team Eduardo”. La serie sabe muy bien que el amor no suele ser blanco o negro, sobre todo cuando el texto de la sociedad pone las pautas para los movimientos. La boda de Cristina es un episodio magistral, de una crudeza extrema. Los invitados celebran el acto, la cámara se centra en los detalles: las manos temblorosas al firmar el contrato de la boda, la mirada perdida de Santiago, la expresión de Elena desde el fondo de la sala.