«Punto Nemo» es la nueva propuesta de Prime Video que, con su creador, el guionista Daniel Martín Sáez de Parayuelo, ha salido de una forma muy fuerte en la escena audiovisual española, convirtiéndose en el contenido más visto en esta plataforma. Con una maestría que combina el suspense, la ciencia ficción y la supervivencia extrema, la serie sitúa al espectador en uno de los lugares más ignotos del planeta: el Punto Nemo, un lugar inhóspito donde se entrelazan en soledad y peligro.
Lo que empieza como una expedición científica hacia la gran isla de basura del Pacífico se convierte en una pesadilla de proporciones épicas. Contando con un estelar reparto capitaneado por Óscar Jaenada, Alba Flores, Maxi Iglesias y la influencer portuguesa Margarida Corceiro, el producto no solamente habla de los límites de la resistencia humana, sino que pone en cuestión hasta dónde puede llegar la ambición científica.
EL DESCONOCIDO PUNTO NEMO

El Punto Nemo no es simplemente un punto situado sobre un mapa; es una metáfora del aislamiento y de los horrores que pueden esconderse en lo desconocido. Situado a más de 2.600 kilómetros de las tierras emergidas, este lugar remoto y particularmente duro del océano Pacífico, ha sido tradicionalmente conocido como el «cementerio de naves espaciales», dado su uso como lugar de aterrizaje de satélites y objetos espaciales. Sin embargo, la serie juega con la idea del «cementerio de naves espaciales» para convertirlo en el escenario perfecto para una historia de paranoia y de inmundicias derivadas de experimentos científicos imposibles.
La decisión de iniciar la serie en la isla de basura del Pacífico no es solo una broma de ecologismo, es un recordatorio de los lugares que la humanidad contamina, incluso en los recovecos más inaccesibles. El viaje del barco español, encabezado por el misterioso capitán Máximo (Jaenada), topa primero con la mancha de residuos —un problema real que ocupa en la actualidad 17 millones de kilómetros cuadrados—, para ser arrastrado por una tormenta hacia el Punto Nemo; allí la tripulación se da cuenta que la basura flota en esas aguas más allá de lo mediático.
La base rusa deshabitada tiene funciones similares al personaje que nos ocupa, una locación que rezuma oscuridad y peligro. En sus vacíos pasillos, en sus documentos codificados y en los temores que provocan los sonidos que son capaces de resonar en sus paredes parecen existir reminiscencias de lo que sobrevivió a las pruebas que llevaron a cabo sus ocupantes. La ficción petrifíca al espectador con el miedo a lo indeterminado mezclando ciencia-ficción con un naturalismo que acompaña a lo que reivindicaron clásicos como «The Thing» o «Lost».
No hay salida, no hay ayuda. Cada movimiento que realizan tiene su efecto colateral y la tensión psicológica va creciendo a medida que la línea entre lo real y lo sobrenatural se diluye. La puesta en escena es narrativa y la lectura visual del espectador puede llegar a sentir el frío del metal corrompido y el peso del silencio de cada escena. La fotografía, con colores azulados y verdes oscuros, empuja la propia espectacularidad del público hacia lo agobiante o, si se quiere, hacia lo asfixiante a pesar de encontrarse rodeado por el océano.
UN REPARTO DE LUJO EN PRIME

Óscar Jaenada, una vez más, muestra cabalmente por qué es uno de los actores más versátiles en el cine y la televisión española. La combinación de carisma y oscuridad que encontramos en su interpretación del capitán Máximo también se traduce en el equilibrio entre la fuerza de la determinación del personaje y un pasado oscuro cargado de secretos. En entrevistas, el mismo Jaenada ha resaltado que el guion de «Punto Nemo» es «diferente, con giros inesperados y mucha valentía», y su interpretación refleja esta complejidad subrayando la dicotomía del capitán Máximo.
Alba Flores, que ha demostrado su talento en títulos como «La Casa de Papel» o «Vis a Vis», pone sobre la mesa la intensidad que le imprime a su personaje, una científica rebelde que transgredirá las reglas para descubrir la verdad. La química existente entre la actriz y Maxi Iglesias, quien interpreta a un periodista escéptico, también es un elemento a tener en cuenta en la historia. Por su parte, Margarida Corceiro, la influencer portuguesa que se adentra por vez primera en la ficción televisiva, aporta una interpretación llena de frescura pero muy matizada.
Pero el verdadero logro que tiene este reparto estriba en lo de que cada uno de los personajes representa un miedo distinto, a no alcanzar el éxito, a lo desconocido, a convertirse en aquello que más temen. No solo los piratas que se instalan en la historia constituyen el único antagonista; la batalla se halla dentro de cada uno de los personajes protagonistas, enfrentados a sus decisiones en un contexto de moralidad que se vuelve borroso.
La transformación que van sufriendo los personajes es uno de los ejes más importantes de la serie, sobretodo en el caso de la Dra. Vega (Flores), dado que esa búsqueda obsesiva de la verdad la conduce al límite. La metamorfosis de una científica responsable en una mujer que está dispuesta a creer lo increíble, se encuentra entre los arcos más hipnóticos de toda la temporada. Maxi Iglesias deja atrás la imagen de galán para convertirse en un periodista cínico cuya fe hacia la humanidad acaba siendo puesta a prueba en una búsqueda de la verdad.
UNA APUESTA QUE RIVALIZA EN EL MERCADO

El thriller oceánico ha hallado en «Punto Nemo» una voz que corresponde, que puede luchar con los colosos como «The Terror» o «Stranger Things». La alquimia del espacio inusual, una trama que entremezcla lo músculo con lo onírico, unos efectos visuales cuidados, nos sitúa ante un producto exportable. En todo caso, sería posible concluir que su éxito en España invita a pensar que Prime Video podría estar ante su fenómeno global.
Lo más llamativo es ver cómo la serie de la que hablo utiliza mitos contemporáneos, como los experimentos secretos de genoma o la polución de los océanos, para ofrecer una narración que pueda corresponder en el inconsciente colectivo. Y no ofrece simplemente diversión; también permite elevar el asunto de los límites éticos de la ciencia y de los peligros de jugar a ser Dios.
Si hay algo que tenemos claro, porque lo ha demostrado sobradamente es que «Punto Nemo» ha llegado para quedarse. Con el horizonte de la segunda temporada ya discutida y un público cada vez más kanibalizado, la serie podría suponer un antes y un después en la ficción nacional. ¿Podrá ir más allá de las fronteras? Todo parece que sí, porque como ya dice su lema: «En el lugar más solitario del mundo no estás solo». Y eso es, en el fondo de todo, lo que da más miedo.
El espectáculo ha sido comparado con otras producciones internacionales tanto por su calidad como por su virtuosismo para mezclar géneros. La presencia de «Lost» y su aventura, el horror cósmico con el que juega la película «Annihilation» y lo mejor de la serie de culto «The Americans», el play político en la historia.
El desafío será conservar la más pura esencia propia de la serie y saber hacerlo sin caer en los clichés de sus contemporáneas, en otras temporadas; si la serie logra salir de esta prueba de fuego, conservar su propio sello y no dejar que les pase a ellos, «Punto Nemo» posiblemente se convierta en el referente del thriller en el formato de la pequeña pantalla, a escala global.