La tensión en » La Promesa » no se queda solo en un murmullito. La tensión es ya un eco que atraviesa un pasillo y otro de La Promesa. El capítulo 568 de la serie, que se emitirá este miércoles 2 de abril, profundiza en los planos de Leocadia; ya no hay límites para ella en su deseo de ocupar la posición de Cruz. Alonso, desorientado, la encuentra en la habitación que era de su mujer , fuerte movimiento para que el eco de la matriarca en el palacio sea todavía más fuerte .
Al mismo tiempo, va suelto el resto de las historias, en ese va y viene propio de las despedidas, de las revelaciones, de las traiciones, donde cada movimiento tiene un segundo sentido. El dolor por la ausencia de Manuel persiste en el marqués, que desconoce que su hijo se ha ido tras despedirse de los que lo acogieron. La incertidumbre se convierte en un personaje más en el mismo escenario: La Promesa, un personaje que refuerza los miedos de Alonso y de aquellos que creen que los cimientos de La Promesa empiezan a temblar.
1LEOCADIA, LA REINA SIN CORONA

Leocadia no solo ocupa el espacio de la habitación de Cruz, sino que está borrando su memoria con cada objeto que desplaza. Los vestidos, los muebles o incluso el mismo olor que flotaba en el aire se han desvanecido por su presencia. Alonso, al pasar el umbral, tiene la sensación de que el tiempo del pasado se borra bajo los ojos triunfantes de su suegra; no necesita vencerlo en una contienda dialéctica, hace lo que tiene que hacer y punto, dejarle claro que el palacio no es suyo. Mientras él está indeciso, ella hace, y esta diferencia es la que le otorga -en su concepto- la victoria total.
El picnic organizado para Jacobo no es un gesto de cariño, sino una maniobra para conseguir su fidelidad, y Martina, embebida con las cuentas de la finca, no es consciente de cómo Leocadia cubre el vacío emocional de su hijo con “atenciones calculadas”. Curro, responsable de la referida preparación, es consciente de las triquiñuelas, pero ¿quién haría caso del consejo de un criado? En La Promesa, las jerarquías son un obstáculo infranqueable. Leocadia lo sabe bien; cada sonrisa, cada gesto, son las jugadas que va trazando en su propio tablero de ajedrez.
Lo más a temer no es su ambición, sino su grado de paciencia. Mientras Alonso se desgasta en vano para dar con Manuel, y Martina se enreda en sus cuentas, Leocadia pasa su red por los espacios de la casa en silencio. Cruz puede que únicamente haya sido su rival, pero en la actualidad únicamente queda su sombra y ni eso resistirá durante mucho tiempo. ¿Qué podría hacer cuando no quedaran espacios por conquistar? La respuesta puede que sea el principio del fin para todos.