La atmósfera en La Promesa ha llegado a ser insalubre. Cada rincón del palacio guarda un secreto, cada mirada encierra una traición, y el capítulo 567, que se emite este martes, 1 de abril, no hace otra cosa que no mantener la tensión habitual de su serie, sino que la intensifica a nivel insospechado. La revelación sobre el doctor Gamarra provoca que los personajes vayan de la incredulidad al terror, y que nuevos pactos y enemistades pinten las nuevas formas del juego del poder que se nos empieza a presentar como un juego de manos y viento.
Ana, incluso acaba por alinearse con María Fernández, dejando en la cuneta a Petra, pero Ana no hace otra cosa que jugar también, como un trompo, en la venganza de su lucha por querer influir sobre Ricardo y Santos. Pero, paralelamente, la familia Luján se enfrenta a la disyuntiva de una verdad que podría ser la nuestra, y Curro, con la ferocidad del lobo herido, empieza a olfatear la sangre del misterio del doctor ya fallecido.
3AMOR Y RECHAZO EN LA PROMESA

Catalina sigue siendo una muralla infranqueable para Adriano, pero no así Martina, quien no se da por vencida. La joven reclama a su prima que al menos escuche las explicaciones de aquel hombre al que en un momento de su vida llegó a amar; aunque solo fuera para cerrar un capítulo de su existencia. El problema es que el orgullo duele más que la desesperanza, y por eso Catalina prefiere ese dolor conocido que lo incierto del perdón.
Aun así, hay momentos en que la máscara se deteriora. Cuando se siente sola, su mirada se pierde en el horizonte como si recordara lo que había sentido hace ya un tiempo. ¿Ha superado de veras a Adriano, o tan solo se aferra a ese rencor para no tener que hacerse cargo de la vulnerabilidad de la que siente que no puede deshacerse? Martina lo sabe y por eso insiste: porque en el fondo Catalina merece saber la verdad, por dura que sea.
Adriano, para su desdicha, está muy cansado de evitar a Catalina, su ahora posible pareja. Lleva muchos intentos de acercamiento fallidos, manteniendo siempre por el medio un libro, pero esta tercera vez hay algo que le hace distinto. Ya no es el hombre arrepentido que llega pidiendo perdón a gritos, sino que a eso de las diez, cuando ella vuelve a aquél lugar para intentar obtener lo que le debe, su tono es firme, se siente como si estuviera decidido a luchar por lo que quiere.
Catalina empieza a caer en la cuenta de que si no cede y saca de este oscuro lugar a su compañero, lo va a perder para siempre, un hecho que a ella ahora le aterra más de lo que sería capaz de admitir. A la vez, Martina representa el puente que no sabe ni Adriano ni Catalina cómo cruzarlo. Sus palabras pueden ser el lazo precursor para que dos corazones tan heridos encuentren la paz pero, ¿es Catalina la mujer adecuada para escuchar o se pisará la cola del orgullo porque ha dejado de querer la otra manera de vivir que le envidiaba? En La Promesa, las segundas oportunidades son escasas, y esta puede ser la última.