La atmósfera en La Promesa ha llegado a ser insalubre. Cada rincón del palacio guarda un secreto, cada mirada encierra una traición, y el capítulo 567, que se emite este martes, 1 de abril, no hace otra cosa que no mantener la tensión habitual de su serie, sino que la intensifica a nivel insospechado. La revelación sobre el doctor Gamarra provoca que los personajes vayan de la incredulidad al terror, y que nuevos pactos y enemistades pinten las nuevas formas del juego del poder que se nos empieza a presentar como un juego de manos y viento.
Ana, incluso acaba por alinearse con María Fernández, dejando en la cuneta a Petra, pero Ana no hace otra cosa que jugar también, como un trompo, en la venganza de su lucha por querer influir sobre Ricardo y Santos. Pero, paralelamente, la familia Luján se enfrenta a la disyuntiva de una verdad que podría ser la nuestra, y Curro, con la ferocidad del lobo herido, empieza a olfatear la sangre del misterio del doctor ya fallecido.
2LA SOMBRA DEL DOCTOR GAMARRA

La noticia que trae el doctor Gamarra ha caído como un trueno en la familia Luján, pero más en Curro que en el resto de la familia. Y lo que había dado la impresión de que era un fallecimiento accidental, ahora se reviste de sospecha en torno a la muerte de Jana. Mi niño Curro no necesita de indicios para saber que hay alguien borrando Huellas. Su obsesión por encontrar al culpable lo conduce a un terreno peligroso donde incluso recuperar el indicio puede costarle la vida.
Pero aquí hay un problema: Curro no está solo buscando el culpable. Hay alguien indudablemente interesado en que la verdad no salga a la luz, y las amenazas indirectas hacia Curro son cada vez más evidentes. ¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar para descubrir cuál fue el cernido? Su determinación tiende a lo autodestructivo y, si no tiene cuidado, acabará como el doctor Gamarra: uno cadáver molesto más.
Los Luján a su vez se encuentran ante la encrucijada. Si el médico ha sido asesinado, hay un asesino en la Casa Real, una persona desalmada capaz de silenciar testigos. ¿Están dispuestos a hurgar hasta descubrir algo que les dé la razón? O, lo que es peor, ¿que alguien de la propia familia esté implicado? El miedo a la verdad les atenaza, pero la mentira podría acabar con ellos.