Los tiempos están cambiando y con ellos las normas no escritas de comportamiento en los espacios públicos. Las cafeterías españolas, esos templos del aroma a café recién molido y conversaciones animadas, comienzan a experimentar transformaciones significativas a raíz de una tendencia que se extiende por toda Europa y que pone coto a una práctica cada vez más extendida. Durante años, muchos han convertido estos establecimientos en improvisadas oficinas donde, por el precio de un café con leche, se puede disfrutar de wifi gratuito, electricidad, calefacción y un espacio agradable durante horas, generando un debate sobre la sostenibilidad de este modelo de negocio.
La nueva normativa que recorre Europa y que paulatinamente está llegando a España plantea límites claros a esta costumbre tan arraigada entre autónomos, estudiantes y teletrabajadores. El fenómeno conocido como «laptop camping» o acampada digital está siendo regulado en numerosas cafeterías europeas mediante políticas que van desde el cobro adicional por tiempo, la limitación de las conexiones wifi o la habilitación de zonas específicas para trabajo con consumición mínima obligatoria. Esta tendencia, que comenzó en países como Alemania o los Países Bajos, está transformando el panorama de las cafeterías españolas, muchas de las cuales ya han comenzado a implementar medidas similares ante la inviabilidad económica de mantener mesas ocupadas durante horas con apenas consumición.
2ESPAÑA SE SUMA A LA TENDENCIA: LAS CAFETERÍAS NACIONALES CONTRA EL «CAFÉ INFINITO»

El panorama español no ha quedado al margen de esta revolución silenciosa que recorre las cafeterías europeas. Madrid, Barcelona y Valencia han sido las primeras grandes ciudades en adoptar medidas similares a las de sus homólogas europeas, con establecimientos que comienzan a establecer límites claros. Las cafeterías de barrios como Malasaña, Gracia o Ruzafa, tradicionalmente repletas de jóvenes con portátiles que ocupaban mesas durante toda la jornada, han comenzado a implantar restricciones horarias para el uso de dispositivos electrónicos, especialmente en franjas de máxima afluencia.
La respuesta de los usuarios de cafeterías españolas ha sido diversa, generando un interesante debate sobre los derechos de los consumidores y la supervivencia de los pequeños negocios. Mientras algunos consideran estas medidas como una forma legítima de garantizar la rotación de clientes y la viabilidad del negocio, otros las perciben como una restricción a un modelo de socialización y trabajo que se había normalizado en los últimos años. Los propietarios de cafeterías españolas argumentan que, con los márgenes actuales y el incremento de costes energéticos y de personal, resulta imposible mantener la rentabilidad si las mesas permanecen ocupadas durante horas con una única consumición, especialmente cuando esto implica rechazar a potenciales clientes por falta de espacio.