La gestión del agua corriente en los hogares españoles constituye un asunto de vital importancia para la salud pública que pocas veces recibe la atención mediática que merece. El agua del grifo representa uno de los recursos más utilizados en nuestro día a día, pero son escasos los ciudadanos que conocen las recomendaciones existentes para garantizar su consumo seguro y responsable. Muchos expertos en salud pública llevan años alertando sobre hábitos incorrectos que pueden comprometer la calidad del agua que bebemos.
La Organización Mundial de la Salud ha realizado diversos estudios sobre la calidad del agua destinada al consumo humano, estableciendo protocolos de seguridad que deberían implementarse en todos los hogares. Entre estos protocolos destaca la denominada «regla de las cuatro horas», una sencilla medida preventiva que podría evitar problemas de salud relacionados con el consumo de agua estancada. Pese a su simplicidad y efectividad, esta recomendación permanece desconocida para la inmensa mayoría de la población española, incluso para aquellos ciudadanos que utilizan habitualmente el agua del grifo para beber o cocinar.
3¿POR QUÉ DESCONOCEMOS ESTA IMPORTANTE RECOMENDACIÓN?

Resulta sorprendente que una medida tan sencilla y efectiva como la regla de las cuatro horas no forme parte del conocimiento general de la población. Las campañas de educación sanitaria relacionadas con el consumo de agua del grifo suelen centrarse en aspectos como el ahorro o las ventajas frente al agua embotellada. Los organismos públicos dedican considerables recursos a promocionar el consumo de agua corriente, pero apenas informan sobre estas prácticas preventivas que podrían mejorar significativamente su calidad y seguridad, dejando un vacío informativo que pocas veces se cubre adecuadamente.
La industria del agua embotellada ha sabido aprovechar este desconocimiento para potenciar sus ventas, utilizando como argumento comercial las dudas sobre la calidad del agua del grifo. Muchos consumidores optan por productos envasados debido a la desconfianza generada por la falta de información precisa sobre el agua corriente. En países como Alemania o Suiza, la educación sobre el uso correcto del grifo forma parte de los programas educativos desde edades tempranas, lo que ha contribuido a mantener elevados índices de consumo de agua corriente sin comprometer la salud pública ni generar desconfianza entre los ciudadanos.