jueves, 3 abril 2025

Agua del grifo y la regla de las 4 horas que casi nadie conoce

La gestión del agua corriente en los hogares españoles constituye un asunto de vital importancia para la salud pública que pocas veces recibe la atención mediática que merece. El agua del grifo representa uno de los recursos más utilizados en nuestro día a día, pero son escasos los ciudadanos que conocen las recomendaciones existentes para garantizar su consumo seguro y responsable. Muchos expertos en salud pública llevan años alertando sobre hábitos incorrectos que pueden comprometer la calidad del agua que bebemos.

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La Organización Mundial de la Salud ha realizado diversos estudios sobre la calidad del agua destinada al consumo humano, estableciendo protocolos de seguridad que deberían implementarse en todos los hogares. Entre estos protocolos destaca la denominada «regla de las cuatro horas», una sencilla medida preventiva que podría evitar problemas de salud relacionados con el consumo de agua estancada. Pese a su simplicidad y efectividad, esta recomendación permanece desconocida para la inmensa mayoría de la población española, incluso para aquellos ciudadanos que utilizan habitualmente el agua del grifo para beber o cocinar.

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LOS RIESGOS OCULTOS DEL AGUA ESTANCADA EN NUESTRAS TUBERÍAS

Fuente Freepik

El agua potable que llega a nuestros hogares debe cumplir estrictos controles de calidad establecidos por la legislación vigente, pero estos parámetros se miden en la red general de distribución. Una vez que el agua entra en la red privada de nuestros edificios y viviendas, su calidad puede verse comprometida por diversos factores como el material de las tuberías o el tiempo de estancamiento sin que las autoridades sanitarias puedan monitorizarlo de manera efectiva. Las tuberías de plomo, prohibidas en instalaciones nuevas pero presentes en muchos edificios antiguos, constituyen uno de los principales riesgos para la salud pública relacionados con el suministro de agua.

Los expertos en salud ambiental advierten que el agua estancada favorece la proliferación de microorganismos potencialmente patógenos. En condiciones normales, el cloro presente en el agua potable actúa como desinfectante, pero su eficacia disminuye con el paso del tiempo cuando el agua permanece inmóvil en las tuberías, especialmente si éstas se encuentran expuestas a temperaturas elevadas. Bacterias como la Legionella o ciertos tipos de Pseudomonas pueden desarrollarse en estos entornos, convirtiéndose en un riesgo para la salud de los consumidores que desconocen esta problemática.


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