jueves, 3 abril 2025

Nadie lo dice, pero estas frutas necesitan frío en cuanto llega la primavera

La primavera trae consigo el resurgir de la naturaleza y un cambio en nuestros hábitos alimenticios. Las frutas vuelven a cobrar protagonismo en esta estación con su explosión de colores y sabores que invitan a disfrutarlas en su máximo esplendor. Sin embargo, existe un secreto poco comentado sobre ciertas variedades que requieren especial atención en cuanto a su conservación.

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El cambio de temperaturas que acompaña al inicio primaveral supone un reto para mantener la frescura de determinados productos. Contrario a lo que muchos piensan, no todas las variedades frutales deben almacenarse a temperatura ambiente cuando llegan los días más cálidos. Algunas necesitan seguir disfrutando del frío para conservar sus propiedades organolépticas y nutricionales durante más tiempo, algo que muchos desconocen y puede marcar la diferencia entre disfrutar de un producto en óptimas condiciones o desperdiciar alimentos de temporada que podrían haber durado más días en perfectas condiciones.

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KIWI Y UVAS: LOS GRANDES DESCONOCIDOS DE LA REFRIGERACIÓN

Fuente Freepik

Pocas frutas generan tanta confusión sobre su correcta conservación como el kiwi y las uvas. Muchos consumidores desconocen que, incluso cuando no están del todo maduros, estos alimentos se benefician enormemente del frío. El kiwi, contrariamente a la creencia popular, madura perfectamente en el refrigerador aunque a un ritmo más lento. Esta característica permite disfrutar de su peculiar combinación de dulzor y acidez durante períodos más prolongados sin que pierda sus extraordinarias propiedades nutricionales que lo convierten en uno de los alimentos más completos.

Las uvas, por su parte, constituyen uno de los ejemplos más claros de frutas que deben ir directamente a la nevera nada más llegar a casa. Su alto contenido en azúcares las hace especialmente vulnerables a la fermentación acelerada cuando las temperaturas suben con la llegada de la primavera. Los estudios realizados por especialistas en conservación alimentaria revelan que pueden mantenerse frescas y crujientes hasta tres semanas si se almacenan correctamente en el cajón de las frutas del frigorífico a una temperatura constante, preferiblemente sin lavarlas previamente para evitar el exceso de humedad que podría favorecer la aparición de moho en los racimos.


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