El siguiente capítulo de La Promesa promete conmover los cimientos de la hacienda con revelaciones que harán cambiar el rumbo de la historia. Curro, en un acto de desesperación, le confiesa a Pía la inocencia de Cruz en el asesinato de Jana, iniciando una búsqueda por la verdad que podría costarles más de lo que piensan.
Mientras tanto, las alianzas se redefinen, los corazones dolidos buscan consuelo, y las amenazas se ciernen sobre quiénes menos lo creen. Un capítulo de la lealtad, el dolor y la venganza que danzan en un peligroso juego.
1LA VERDAD OCULTA ENTRE CURRO Y PÍA

La confesión de Curro a Pía supone un punto de inflexión dentro de la narración. Ahora que Cruz no ha asesinado a Jana, el chico no pretende únicamente limpiar la imagen que tiene de su amigo sino que aspira a dar con el verdadero culpable. «No fue Cruz, y necesito que me ayudes a averiguarlo», le suplica, llevándola a una promesa que la pondrá en la diana de algún posible patrón.
Pero la verdad no es nada fácil de alcanzar: el capitán Alvarado, con su actitud desafiante, esconde mucho más que simple obstinación. ¿Protege en verdad a alguien? ¿Es, por el contrario, una de esas personas que encubren? Cada pregunta sin respuesta añade más penumbra a un enigma que ha costado mucho ya.
En paralelo, los mayordomos, igualmente cómplices con sus miradas, constituyen su propia corresponsalía; ellos también están dispuestos a actuar cuando así se lo sugiera la situación. Manuel, para acabar, encuentra un refugio inesperado entre los ancianos de la hacienda. «Era mi vida y ahora solo me queda el vacío», confiesa con voz quebrada, dejando al descubierto una herida que no cicatriza.
Su discurso llega a los que son más reacios; recuerda a todos que detrás de las intrigas y de los secretos hay corazones que, a pesar de las heridas, siguen sangrando. La justicia para Jana consiste en algo más que en la culpabilidad, es igual a la paz para aquellos que la quisieron.