viernes, 4 abril 2025

La OMS pone números a la vejez y puede que ya no seas tan joven como crees

Menudo revuelo se ha generado con la nueva clasificación por edades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido actualizar los parámetros que definen las distintas etapas vitales del ser humano, provocando que millones de personas deban replantearse en qué momento vital se encuentran realmente. Esta decisión no responde a un capricho burocrático sino a los avances médicos y al aumento de la esperanza de vida que caracterizan a nuestra sociedad actual, donde vivimos más años y, en teoría, con mejor calidad de vida que nuestros antepasados.

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El debate no ha tardado en surgir en redes sociales y tertulias, donde muchos se preguntan si estas nuevas categorías reflejan verdaderamente la realidad que viven o si son meras etiquetas administrativas sin aplicación práctica. Lo cierto es que estas redefiniciones pueden tener un impacto significativo en diversos ámbitos, desde las políticas públicas de sanidad hasta la percepción social sobre el envejecimiento, pasando por cuestiones laborales y de jubilación. Y es que, según los nuevos parámetros, muchos de quienes pensaban estar bordeando la tercera edad descubren ahora que apenas han entrado en la madurez.

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LA RESPUESTA DE LA SOCIEDAD ANTE LA NUEVA DEFINICIÓN DE VEJEZ

Fuente Freepik

Las reacciones al anuncio de la OMS no se han hecho esperar y muestran un panorama dividido. Por un lado, muchas personas que se acercan a los 60 o los han superado recientemente han recibido con alivio esta noticia, sintiendo que refleja mejor su realidad vital. «Siempre me ha molestado que me traten como a un anciano cuando me siento perfectamente capaz», comentaba recientemente un profesor universitario de 67 años en un conocido programa de radio, reflejando un sentimiento compartido por muchos de su generación que se resisten a ser catalogados como «viejos» simplemente por haber cumplido una edad determinada, especialmente cuando se mantienen activos física e intelectualmente.

Sin embargo, otros sectores han mostrado escepticismo, señalando que estas clasificaciones pueden no tener en cuenta las enormes desigualdades socioeconómicas que afectan al envejecimiento. No envejece igual quien ha tenido una vida de trabajo físico duro que quien ha desarrollado una carrera profesional en un entorno de oficina, ni quien ha tenido acceso a una buena atención sanitaria frente a quien no. La OMS tendrá que afrontar estas críticas y explicar cómo su nueva clasificación puede adaptarse a las diferentes realidades sociales sin convertirse en un elemento más de discriminación para aquellos cuyas condiciones de vida han acelerado su proceso de envejecimiento, especialmente en países con menores recursos o mayores desigualdades.

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