Menudo revuelo se ha generado con la nueva clasificación por edades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido actualizar los parámetros que definen las distintas etapas vitales del ser humano, provocando que millones de personas deban replantearse en qué momento vital se encuentran realmente. Esta decisión no responde a un capricho burocrático sino a los avances médicos y al aumento de la esperanza de vida que caracterizan a nuestra sociedad actual, donde vivimos más años y, en teoría, con mejor calidad de vida que nuestros antepasados.
El debate no ha tardado en surgir en redes sociales y tertulias, donde muchos se preguntan si estas nuevas categorías reflejan verdaderamente la realidad que viven o si son meras etiquetas administrativas sin aplicación práctica. Lo cierto es que estas redefiniciones pueden tener un impacto significativo en diversos ámbitos, desde las políticas públicas de sanidad hasta la percepción social sobre el envejecimiento, pasando por cuestiones laborales y de jubilación. Y es que, según los nuevos parámetros, muchos de quienes pensaban estar bordeando la tercera edad descubren ahora que apenas han entrado en la madurez.
4CÓMO AFECTA ESTA NUEVA CLASIFICACIÓN A LAS POLÍTICAS DE JUBILACIÓN

Uno de los debates más intensos que ha generado esta nueva clasificación de la OMS se centra en las políticas de jubilación. Si la vejez comienza oficialmente a los 78 años, ¿tiene sentido mantener edades de jubilación en torno a los 65-67 años? Algunos expertos sugieren que esta redefinición podría abrir la puerta a una revisión profunda de los sistemas de pensiones y retiro laboral en muchos países donde la sostenibilidad del sistema está en entredicho, especialmente en sociedades envejecidas como la española.
Por otro lado, esta nueva clasificación también plantea interrogantes sobre la flexibilidad en la transición hacia la jubilación. Quizás sea momento de replantearse modelos más graduales que permitan a las personas ir reduciendo su jornada laboral progresivamente, en lugar de pasar de la plena actividad al retiro completo. La OMS, al establecer esta etapa intermedia de «madurez tardía», parece estar reconociendo implícitamente que existe un periodo vital donde las personas mantienen capacidades pero pueden necesitar adaptaciones en su ritmo y carga de trabajo, lo que podría traducirse en nuevos modelos laborales adaptados a esta realidad demográfica.