Menudo revuelo se ha generado con la nueva clasificación por edades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido actualizar los parámetros que definen las distintas etapas vitales del ser humano, provocando que millones de personas deban replantearse en qué momento vital se encuentran realmente. Esta decisión no responde a un capricho burocrático sino a los avances médicos y al aumento de la esperanza de vida que caracterizan a nuestra sociedad actual, donde vivimos más años y, en teoría, con mejor calidad de vida que nuestros antepasados.
El debate no ha tardado en surgir en redes sociales y tertulias, donde muchos se preguntan si estas nuevas categorías reflejan verdaderamente la realidad que viven o si son meras etiquetas administrativas sin aplicación práctica. Lo cierto es que estas redefiniciones pueden tener un impacto significativo en diversos ámbitos, desde las políticas públicas de sanidad hasta la percepción social sobre el envejecimiento, pasando por cuestiones laborales y de jubilación. Y es que, según los nuevos parámetros, muchos de quienes pensaban estar bordeando la tercera edad descubren ahora que apenas han entrado en la madurez.
1LA NUEVA TABLA DE EDADES QUE REVOLUCIONA NUESTRA PERCEPCIÓN DEL ENVEJECIMIENTO

Desde hace décadas, la sociedad ha mantenido una visión bastante rígida sobre las etapas de la vida, considerando que la juventud terminaba a los 30 y que a partir de los 65 comenzaba esa etapa que todos conocemos como tercera edad. Sin embargo, la OMS ha decidido dar un giro completo a esta percepción, estableciendo nuevos rangos que redefinen por completo nuestra concepción de juventud y vejez, adaptándolos a una realidad donde la esperanza de vida ha aumentado considerablemente en las últimas décadas y donde las personas mayores mantienen capacidades físicas y mentales durante más tiempo.
La nueva clasificación propuesta por la OMS distingue entre la edad adulta que abarca desde los 34 hasta los 60 años, seguida por una etapa denominada madurez tardía que se extiende desde los 60 hasta los 78 años, y finalmente la vejez que comienza oficialmente a los 78 años. Esta redefinición supone un cambio radical respecto a lo que tradicionalmente se consideraba, retrasando casi una década y media el comienzo oficial de la vejez según los estándares sanitarios internacionales, lo que podría tener importantes implicaciones tanto a nivel personal como en políticas públicas de salud y bienestar.